| |
|
HISTORIA DEL TAROT
SU ORIGEN EN EL TIEMPO
Johannes, un monje alemán: En una carta enviada por este monje a Brefeld, en Suiza, afirma que "un juego llamado el juego de las cartas (Ludus cartarum) ha llegado a nosotros este año de 1377"; pero añade que "ignora cuando fue inventado, donde ni por quien".
En su tratado –que se conserva en la colección del Museo Británico de Londres-, Johannes compara el juego de las cartas con el del ajedrez "ya que en ambos hay reyes, reinas, nobles y plebeyos".
Naipes: Uno de los principales argumentos en apoyo del origen sarraceno de las cartas es el nombre que los españoles emplean para indicar las cartas de juego: naipes, que podría derivar de la palabra napa, usada en Vizcaya y que significa llano, uniforme.
Algunos estudiosos opinan que naipes es una voz de procedencia árabe. La palabra hebrea naibes tiene semejanza con el viejo nombre italiano de las cartas, naibi, y en ambas lenguas significa la magia, la clarividencia y la predicción.
Según otra teoría la palabra naipes derivaría de las iniciales del inventor de las cartas: N.P., un tal Nicolao Pepin. Sin embargo, se carece de pruebas al respecto.
Carlos VI – Gringonneur: En el libro de cuentos de Charles Poupart, tesorero de Carlos VI de Francia, se hace mención de tres barajas de cartas en oro y ricamente decoradas, pintadas por Jacquemin Gringonneur, para diversión del Rey de Francia, en 1392. Gringonneur recibió 56 sols parisis (moneda en curso en el año citado).
Muchos han atribuido de tal modo a Gringonneur la invención de las cartas de juego destinadas a ahuyentar la melancolía del rey. Sin embargo, el pasaje de Poupart menciona explícitamente tres barajas de cartas ya conocidas, expresamente pintadas para el rey. Las diecisiete cartas de las llamadas baraja Gringonneur carecen de inscripciones, letras o números que permitan ordenarlas. Sin embargo, es posible reconocerlas comparándolas con las modernas cartas del tarot o con los diez o tal vez trece símbolos de la baraja de Mantegna, que tiene cincuenta cartas.
El Tarot de Mantenga: El tarot de Mantegna, o las cartas de Baldini, comprende cincuenta cartas instructivas, subdivididas en cinco grupos de diez cartas cada uno. Están ordenadas de acuerdo con el orden Universo. En cada grupo, las figuras respetan una jerarquía de importancia. Cada grupo sigue el orden numérico progresivo y el orden alfabético decreciente, de manera que el último grupo, que comprende la categoría de los planetas, termina con la Causa Primera de todas las cosas, Dios y lleva la letra A.
El museo británico de Londres posee una serie incompleta de cuarenta y siete cartas, que podrían remontarse a 1470 o 1485. En los principales museos y en colecciones privadas de los Estados Unidos y de Europa se encuentran otras barajas.
El Tarot de Venecia: El tarot de Venecia o de Lombardia tiene setenta y ocho cartas, veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis arcanos menores. Aparece por primera vez la figura de Papasse (Papisa) que, en los sucesivos mazos de tarot, se convertirá en la Papessa y que, en torno al 1800, en Besancon, adoptará el nombre de Junon.
El pequeño Tarot de Bolonia: Las setenta y dos cartas del pequeño tarot de Bolonia fueron inventadas, al parecer, por Francesco Fibbia, príncipe de Pisa, exiliado en aquella ciudad, donde murió en 1419. La baraja está compuesta por los acostumbrados veintidós arcanos mayores, mientras que las cartas numéricas son sólo cuarenta, ya que las cartas menores (2, 3, 4 y 5) de todos los palos han sido eliminadas. Ni en los arcanos mayores ni en las figuras se ven títulos ni nombres. Los primeros cuatro atouts no están numerados y las figuras del Papa, del Emperador y de la legendaria Papisa son sustituidas por los moros, probable consecuencia de la anexión de Bolonia al Estado Pontificio, ocurrida después del 1513. Los palos son los acostumbrados: espadas, bastos, copas y oros.
La baraja de Florencia: Es semejante al mazo de setenta y ocho cartas, pero aquí el número de cartas se eleva a noventa y siete. Comprende cuarenta y una cartas de triunfos, diecinueve de la serie original, además, los doce signos del zodiaco, los cuatro elementos, las tres virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) y una virtud cardinal (Prudencia). Las primeras treinta y cinco cartas, llamadas papi, están marcadas con números romanos y carecen de títulos. Las siguientes cinco cartas no numeradas, llamadas arie, son colocadas, sin título: Las estrellas, La Luna, El Sol, El Mundo y el Juicio Final, a veces representado en la Fama. Los Honores, también sin nombres, son invariablemente figuras aisladas. Este juego es anterior al pequeño tarot de Bolonia y se remite parcialmente al tarot de Venecia.
Baraja Visconti Sforza: Una de las más antiguas barajas existentes tuvo su origen en Milán en el siglo XV, Francesco Sforza, cuarto duque de Milán, fue el primer poseedor de una baraja de tarot de setenta y ocho cartas, llamada hoy "baraja Visconti Sforza". Consta de los cuatro palos (espadas, bastos, copas y oros) y de los veintidós arcanos mayores incluido el Loco. Esta baraja fue pintada probablemente, entre 1432, año en el que el matrimonio de Francesco Sforza y Blanca María Visconti unió a las dos familias, y 1466, año en que murió el duque Francesco.
Treinta y cinco cartas de esta baraja –incluidos los arcanos mayores, sin título ni número- fueron adquiridas, en 1911 por la Pierpont Morgan Library de Nueva York. De las restantes cartas, veintiséis están en posesión de la Accademia Carra de Bérgamo y trece, de la familia Colleoni, también de Bérgamo. Las cuatro cartas que faltan, se han perdido.
El Tarot de Marsella: A finales del siglo XV, la baraja del tarot italiano había sufrido modificaciones y en toda Europa, aunque especialmente en Francia, el tarot de Marsella distinto en el estilo y en el dibujo, pero idéntico en lo demás alcanzó gran popularidad. Los veintidós arcanos mayores y los dieciséis honores presentan figuras enteras en lugar de las desdobladas en dos mitades, de uso en las barajas modernas del tarot piamontés. Por otra parte, en las más antiguas barajas vemos la numeración romana en vez de la árabe. Las cartas del tarot que circulaban por Europa, fuese cual fuese su procedencia, tenían siempre los títulos de los arcanos mayores en francés y los símbolos de los palos eran constantemente los italianos: espadas, bastos, copas y oros.
|